Dr. Alejandro Serani M.

Médico-Cirujano y Doctor en Filosofía, Profesor Adjunto de Bioética de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

Dar su vida por sus pacientes

El profesor Jérôme Lejeune, doctor en Medicina, doctor en ciencias, pediatra y genetista, doctor Scientiae et honoris Causa de nuestra Universidad, encarnó en su vida una sítesis de humanidad y de ciencia difícil de igualar.

Si en términos genéricos es dable decir de todo hombre, que no existe testimonio de amor más grande que el de dar la vida por sus amigos, de un médico no se puede expresar elogio más profundo que el de decir con verdad que dio su vida por sus pacientes ; esto es, de hecho, el testimonio que el doctor Lejeune dio en cada uno de los campos en los que le correspondió manifestar su preocupación por sus pacientes y por aquellos cuya vida se encontraba amenazada en razón de su vulnerabilidad. Ya sea en el hospital, el laboratorio, la cátedra, la academia, y aun en los tribunales, los medios de comunicación y el parlamento, Jérôme Lejeune defendió con valentía, coherencia, ingenio, caridad y claridad la dignidad inviolable del ser humano desde los primeros instantes de su existencia, y cualesquiera fuesen las condiciones de enfermedad o minusvalía.

De entre los muchos puntos que podrían destacarse, y que dan testimonio de la integración entre ética, ciencia y Medicina, a las que el doctor Lejeune aspiró y en tan alto grado realizó, deben considerarse al menos los siguientes : su defensa de la dignidad eminente del ser humano desde la conceptción y la salvaguardia del embrión humano de toda manipulación maliciosa desde sus más incipientes etapas des desarrollo ; su preocupación por contribuir a atenuar el flagelo del aborto provocado ; su esfuerzo por proteger al minusválido de toda injusta amenaza y su desvelo por ayudar a estos enfermos desde la clínica y el laboratorio ; su interés para que el progreso de la ciencia y de la técnica en el campo de la procreacón no degenerara en una intromisión indebida en el nobilísimo ámbito del amor y de la sexualidad humana.

 

EL EMBRION HUMANO Y SU DIGNIDAD

Jérôme Lejeune sostuvo con competencia y convición que el progreso en el conocimiento biológico humano en el ύltimo siglo, y en particular en el campo de la genética, mostraba, más allá de toda duda posible, que el proceso de la fecundación daba origen a una nueva vida humana, y en cuanto tal merecedora del mismo respeto que se le debe a todo individua perteneciente a nuestra especie.

En el año1989, declarando frente a un tribunal en los Estados Unidos de Norteamérica, en un juicio en el que el Dr. Lejeune apoyaba a una madre que quería recuperar siete embriones que se encontraban congelados, el abogado de la parte contraria lo instaba a pronunciarse categóricamente acerca de si el zigoto debía ser tratado con el mismo respeto que el debido a un ser humano adulto. El profesor Lejeune respondía : « … Le estoy diciendo que es un ser humano, y al juez le corresponde decir si este ser humanos, hay que aportar las razones de por qύe se establece esta diferencia. Pero si usted me pregunta, como genetista, si ese ser es humano, le diría que, puesto que es un ser y es humano, es un ser humano »

Lejeune, apoyado en los datos aportados por la biología molecular, la genética y la biología del desarrollo, sostenía queel hecho de que en la nueva información genética contenida en el zigoto se encontraran en cierto sentido prefigurados todos los caracteres del adulto, permitía afirmar que el huevo fecundado, con su información genética constituida, es ya un ser humano con todas sus potencialidades. Esto no quería decir que la esencia de la humanidad se encontrara en el material genético, ni mucho menos en el solo nύcleo del zigoto. Si hubiese que hacer una analogía con los artefactos de la técnica, Lejeune pensaba que debía compararse al zigoto con una grabadora magnetofónica, en la que la cinta o casete sería el material genético, y el aparato grabador equivaldría a la maquinaria celular. Con todo lo importante que parece ser el material genético no por eso debe ser sobrevalorado.

Frente a la cada vez más frecuente utilización de la expresioón de pre-embrión para referirse al producto de la concepción entre la fecundación del primordio, de lo que será el sistema nervioso - es decir, en torno a los doce días de vida -, Lejeune hizo manifiesta la impropiedad tanto científica como semántica de la utilización de ese término. Con esta expresión deversos autores han sostenido que expresarían el hecho que en las primeras etapas del desarrollo del conceptus se encontrarían sólo células indiferenciadas y que por lo tanto no sería posible hablar aύn de verdadera vida humana.

Lejeune hace notar que cuando el biólogo se refiere a una célula diferenciada, lo que quiere expresar es que ella es diferenciable del resto de las células del tejido o del organismo en base a sus características propias. Ahora bien, no hay otra célula en toda la vida del organismo que tenga la orginalidad de la célula zigoto o de las células del embrión temprano. Estas son las ύnicas células que no sólo contienen la información no bloqueada para el plan de desarrollo general del organismo como un todo, sino que son ellas mismas las que además ponen en marcha y determinan las líneas de desarrollo por donde ese plan se deberá ejecutar . No existirían por lo tanto células más altamente singulares y especializadas que la célula zigoto y las células del embrión temprano. Con el transcurso del desarrollo las células posteriores pierden la capacidad de expresar toda la información que poseen, de modo que – como expresaba Lejeune – en genética las células con el tiempo en lugar de aprender, olvidan.

Esto que Lejeune expresa de modo admirable para el caso del embrión humano es lo que ya otros biólogos célebres han expresado en relación a otras características humanas. En el ser humano la especialización segύn como se la mire puede representar tanto una perfeción como una indigencia. Es porque la mano humana no es ni garra, ni aleta, ni pezuña, que es capaz de transformarse en cualquiera de ellas ; y es porque las conductas no se encuentran en el ser humano rígidamente determinadas por instintos que es posible para el animal racional aspirar a un comportamiento libre.

Citando el viejo diccionario « Larousse » de su abuelo, Lejeune precisaba – desde el punto de vista semántico – que el término embrión expresa : « la forma del ser más joven que existe », en este contexto : ¿ Qué podría querer significar la expresión pre-embrión ? ¿ Acaso los gametos previamente al instante de la fecundación ? Ese término arguía el genetista, con fuerza, no puede querer decir nada y ha sido inventado para hacer créer que había una diferencia entre pre-embrión y embrión. En la investigación científica, insistía Lejeune, es imperioso escoger « si queremos presentar la ciencia como camino que desemboca en la desesperación y el odio, en la eliminación de los debiles y de los enfermos ; o si, por el contrario, queremos que sea prenda de esperanza y amor, protección de los niños y victoria sobre las enfermedades » .

 

El juramento hipocratico

En el año 1989, interrogado acerca de si era partidario del aborto, el doctor Jérôme Lejeune respondía de un modo que resume su vida : « No me agrada matar a nadie… Soy médico francés y he prestado el juramento hipocrático. Cuatrocientos años antes de Cristo, Hipocrates juró : "no daré veneno ni procuraré medios abortivos" ».

Y esto es muy interesante para nosotros los médicos, porque, en una época en la que la esclavitud era legal, en una época en la que el padre de familia podría matar a un niño al nacer o incluso después, estableció los fundamentos de la Medicina prohibiendo a los nuevos médicos dar veneno o practicar abortos. Esto significa que, independientemente del tamaño del paciente, un paciente es un paciente. Este es el juramento hipocrático » .

El doctor Lejeune, además de los muchos reconocimientos y satisfacciones que experimentó en su vida, sufrió en carne propia ataques, calumnias y arbitrariedades stanto en su propia patria como en el exterior, a causa de las ideas que defendió ; contrariedades sobre las cuales no era amigo de comentar, y que supo vencer con las sobresalientes cualidades humanas y cristianas que lo caracterizaban. La historia sabrá hacer resaltar en este médico ilustre las cualidades que muchos de sus contemporáneos no upieron o no supimos observar.